¿EXIGE EL REALISMO CIENTÍFICO UN COMPROMISO CON LA TEORÍA CORRESPONDENTISTA DE LA VERDAD?*

Does Scientific Realism require a comittment with the Correspondence Theory of Truth?

Daian Tatiana Flórez Quintero
Universidad de Caldas - Colombia
Universidad Nacional de Colombia-Sede Manizales
daian.florez@ucaldas.edu.co


* Este trabajo hace parte de un proyecto de investigación titulado: ¿Es posible una defensa sistemática del antirrealismo, financiado por la Vicerrectoría de Investigaciones y Postgrados de la Universidad de Caldas.

Recibido: enero 2012 aprobado: mayo 2012


RESUMEN

En este ensayo me propongo examinar una de las tesis mantenidas por Devitt sobre la naturaleza del realismo científico. En particular, examinaré la tesis de acuerdo con la cual ninguna teoría de la verdad es constitutiva al realismo, por lo que un compromiso con el realismo no nos obliga a suscribirnos a una teoría correspondendista de la verdad. Si esta tesis fuese correcta, todos los intentos antirrealistas por rebatir las tesis del realismo científico estarían condenadas al fracaso ya que sus objeciones suponen que una de las teorías constitutivas del realismo es la teoría correspondentista de la verdad. Mi intuición es que no es posible emancipar al realismo científico de sus compromisos semánticos con una teoría de la correspondencia. Para defender este punto de vista, mostraré que es poco plausible la tesis de que un realista no tiene que suscribirse a una teoría correspondentista, porque podría adoptar, en su lugar, una teoría redundante de la verdad. Mi intuición es que si el realista se suscribiera a tal teoría, no podría mantener exitosamente 'la dimensión de independencia' la cual es, de acuerdo con Devitt, constitutiva del Realismo. Finalmente, señalaré dos resultados indeseables que se derivan de mantener un realismo emancipado de la semántica, entre ellos que no resulta evidente cómo puede un realista de este tipo responder al problema de la elección de teorías, y adicionalmente que no parece posible admitir que hay relaciones causales entre nuestras mentes y el mundo -tal y como Devitt lo sugiere- sin intromisiones de la semántica o sin sucumbir al antirrealismo.

Palabras Clave: realismo científico, teoría correspondentista de la verdad, teoría deflacionaria de la verdad, dimensión de existencia y dimensión de independencia.


ABSTRACT

In this paper I intend to examine a thesis held by Devitt on the nature of scientific realism. In particular, I shall examine the thesis according to which no theory of truth is constitutive of realism, thus, a commitment with realism does not force us to subscribe to a correspondence theory of truth. If this thesis were right, all the antirealist attempts to refute the claims of scientific realism would be destined to fail since their objections suppose that one of the theories constitutive of realism is the correspondence theory of truth. My intuition is that it is not possible to emancipate scientific realism from its semantic commitments to a correspondence theory. In order to defend this point of view, I shall show how implausible is the thesis that a realist does not have to subscribe to a correspondence theory since he could adopt, instead, a redundancy theory of truth. My intuition is that if a realist subscribed to such theory he would not be able to successfully maintain the 'independence dimension' that according to Devitt is constitutive of Realism. Lastly, I shall show two undesirable results of maintaining a realism separate from semantics, among them that it is not clear how such a realist can respond to the problem of theory choice and that it is not possible to admit that there are causal relations between our minds and the world -like Devitt suggests- with no intrusions of semantics or without falling into antirealism.

Key words: scientific realism, correspondence theory of truth, deflationary theory of truth, existence dimension, independence dimension.


1. Sobre las aberraciones

Para comenzar indicaré algunos de los elementos más sugestivos del tratamiento que hace Devitt en torno al debate sobre el realismo científico. No voy a reconstruir en detalle las diez aberraciones que él identifica en el texto mencionado, me limitaré a mencionar algunas de las desviaciones más agudas a las que ha conducido el debate, así como las causas que las provocan. Antes de ello, y con el fin de proporcionar un contexto mínimo, conviene anticipar algunas de las tesis que él defiende (junto con sus razones) para poder entender por qué los problemas concernientes al realismo científico han sido planteados en niveles inadecuados, en especial, por qué no es conveniente examinarlos en el terreno de la semántica.

Devitt mantiene que el realismo metafísico tiene dos dimensiones, a saber: la dimensión de existencia que compromete al realista tanto con la existencia de entidades de sentido común, tales como árboles, piedras y gatos, como con la existencia de entidades científicas, tales como, electrones, muones y el espacio curvilíneo. La dimensión de independencia, por contraste, compromete al realista con la tesis de que esas entidades existen con independencia de nuestras mentes, nuestras capacidades cognitivas, nuestros estados mentales, el poder sintetizador de la mente, las teorías o el lenguaje.1 A juicio de Devitt, estas dos dimensiones, que son constitutivas del realismo, se pueden establecer a partir de la siguiente definición:

Realismo: las instanciaciones de la mayoría de las clases de sentido común, físicas y científicas existen objetivamente independientemente de lo mental.2

Si una caracterización de esta naturaleza basta para capturar los compromisos del realista, resulta sorprendente que el debate concerniente al realismo se haya planteado, tanto por sus críticos como por sus seguidores -e incluso por algunas figuras neutrales- en un plano semántico y epistemológico. Pero Devitt piensa que ésta es una de las principales causas de las desviaciones del debate. El tratamiento que Dummett ofrece del realismo constituye un ejemplo de ello porque a pesar de que comienza con una formulación metafísica del problema, la sustituye inmediatamente por una que lo vincula con la verdad.3 En una línea similar, Rorty (1979) y Fine (1986a, 1986b) toman sus ataques en contra de la teoría correspondentista de la verdad como si fuesen ataques legítimos en contra del realismo científico.4 Según Devitt esto es tan equivocado como suponer con Laudan (1981) que se ha refutado el realismo epistemológico convergente, creyendo que la defensa del realismo depende de mostrar las conexiones entre éxito, verdad y referencia.5

De un modo similar, Devitt considera que el 'argumento modelo-teórico'6 de Putnam contra el realismo metafísico no tiene nada que ver con el realismo, sino más bien con una teoría de la referencia o de la representación. De allí colige que dicho argumento, a lo sumo, afectaría a la teoría correspondentista de la verdad más no al realismo.7 Por el propósito que me he trazado en este trabajo, no me ocuparé de examinar si, en efecto, los ataques de Rorty, Fine, Laudan o el segundo Putnam sólo afectarían a la teoría correspondentista de la verdad. Mi objetivo, por ahora, debe encauzarse hacia otra dirección y es mostrar que el realismo no se puede emancipar de ciertos compromisos semánticos.

Según Devitt, una de las principales razones que lleva a plantear el realismo en un terreno equivocado tiene que ver con el llamado "giro lingüístico" en la filosofía del siglo XX, ya que tiende a pensarse que en el análisis del problema del realismo científico es preciso movernos al metalenguaje para poder establecer compromisos ontológicos, del tipo que se sigue al afirmar 'hay gatos' y cuyo importe ontológico proviene de cierta perspectiva de la referencia del término 'gato'.8 El resultado de discutir el realismo en dicho nivel ha dado lugar incluso a 'caricaturas' tan absurdas del realismo, como aquella que reclama 'la mirada del ojo de Dios' para poder tener un acceso directo al mundo, como si pudiésemos tener un vínculo trascendental entre nuestras representaciones y el mundo en sí.9

Devitt encuentra semejante caricaturización del realismo tan inadmisible como el planteamiento de que el propósito de la ciencia es la verdad, ya que el realismo podría comprometernos con un propósito distinto; esto es, la idea de que el objetivo de la ciencia es descubrir qué tipo de entidades -observables e inobservables- existen y cómo son.10 Con base en esto, creo que bien podríamos preguntarnos si aceptar tal diversidad de fines, obliga al realista a rechazar su compromiso con la tesis de que las teorías científicas interpretadas realísticamente son aproximadamente verdaderas. Mis dudas a propósito de esta consideración, surgen del hecho de que el realista muy bien podría combinar estos dos objetivos, i.e., bien podría mantener que las teorías que mejor contribuyen al descubrimiento de entidades se podrían concebir como aproximadamente verdaderas. En otras palabras, no encuentro incompatibilidad alguna entre la sugerencia de Devitt según la cual el objetivo de la ciencia puede ser concebido como una suerte de aumento en nuestros compromisos ontológicos, y el compromiso epistémico de que tales teorías se aproximan más a la verdad. Esto, por supuesto, podría ser objeto de otro ensayo, y no voy a decir nada más por ahora. Permítanme avanzar hacía las aberraciones restantes que identifica Devitt en este debate.

Según Devitt, en la discusión del problema del realismo se incurre en un error cuando se piensa que una característica distintiva del realismo es su compromiso con la tesis de la convergencia, dado que si rechazamos la teoría correspondentista de la verdad como una teoría semántica constitutiva del realismo científico, debemos rechazar igualmente la tesis que estipula que las teorías más recientes se construyen sobre la base del conocimiento -observacional y teórico- contenido en teorías previas (o tesis de la convergencia).11

Sobre la base de la identificación de tales desviaciones podemos resumir algunas de las tesis del profesor Devitt, en los siguientes términos:

(Ti) El realismo es principalmente una doctrina ontológica -o metafísica- acerca de las entidades, observables e inobservables.

(Tii) El compromiso con la existencia de la mayoría de dichas entidades, como algo independiente de nuestras capacidades cognitivas, es un compromiso de índole epistémico.12

(Tiii) El realismo como doctrina metafísica es independiente de cualquier teoría semántica.

(Tiv) La simpatía por el realismo científico no obliga a suscribirse a una teoría correspondentista de la verdad.

(Tv) La suscripción a la teoría correspondentista de la verdad no nos hace realistas.

(Tvi) Una consecuencia del rechazo de la teoría correspondentista de la verdad como una teoría constitutiva del realismo es el rechazo de la tesis de la convergencia, como una tesis inherente al realismo.13

Es preciso examinar (Tiv) para procurar mostrar por qué se pueden conservar muchas dudas sobre el carácter conclusivo de las razones que ofrece Devitt. Consideremos el argumento central con base en el cual defiende (Tiv), a saber, el llamado argumento desde una teoría deflacionaria de la verdad. Este argumento discurre en las siguientes líneas: si podemos caracterizar al realismo de tal modo que sea compatible con una teoría deflacionaria de la verdad, entonces la teoría correspondentista de la verdad no es constitutiva del realismo metafísico.14

Esto es así porque a su juicio la teoría correspondentista es compatible con absolutamente cualquier metafísica al mantener que las representaciones tienen o no la propiedad de verdad si corresponden de algún modo o no con la realidad. Y aunque usualmente consideramos que dicha teoría requiere la existencia objetiva e independiente de la realidad que hace a las representaciones verdaderas o falsas, -lo cual parece dejarnos más cerca del Realismo- Devitt piensa que esta es una intromisión gratuita de la metafísica en la semántica, porque el realista es libre de inclinarse hacia una teoría semántica, como una teoría de la verdad deflacionaria.

No voy a explicar en detalle en qué consiste una teoría deflacionaria o minimalista de la verdad, para el propósito de este trabajo creo que resulta más provechoso hacer un breve contraste entre los compromisos que impone una y otra teoría, para mostrar por qué el realista sí tendría que comprometerse con una teoría correspondentista de la verdad para poder mantener la 'dimensión de independencia' que es constitutiva del realismo.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que una teoría minimalista de la verdad rechaza la idea de que la verdad tiene alguna esencia que podría ser revelada por el análisis filosófico, igualmente desprecia la consideración de que la verdad desempeña un rol explicativo. Y aunque a la luz de ello parecen 'profundas' las diferencias con una teoría correspondentista de la verdad, hay por lo menos dos aspectos en común entre ellas: ambas son teorías no epistémicas de la verdad,15 y además mantienen que hay una conexión estrecha entre afirmar "'La nieve es blanca' es verdadera" y decir que la nieve es blanca. i.e., en ambas se mantiene que el esquema de Tarski nos proporciona lo que se requiere para una teoría de la verdad. Por supuesto, esto no quiere decir que no haya diferencias importantes entre ellas. Por ejemplo, conviene indicar que una teoría minimalista rechaza la idea de que afirmar que un enunciado es verdadero implica una correspondencia sustantiva con las entidades a las que se refiere. Con base en lo anterior, para un defensor de una teoría minimalista de la verdad basta con aceptar que el predicado "verdadero", es un predicado formal y que existe por una necesidad lógica.

Por contraste, el defensor de una teoría correspondentista de la verdad sí toma seriamente la idea de que la verdad de un enunciado consiste, en parte, en su capacidad de representar algo externo. A mi juicio, este es un compromiso semántico inherente a la posición realista, ya que el realismo científico -así concebido- no sólo versa sobre las entidades postuladas por las teorías científicas, sino también sobre la relación que dichas teorías guardan con el mundo. En mi opinión, si el realista quiere mantener contundentemente la dimensión de independencia -que Devitt considera constitutiva del realismo-, entonces tiene que suscribirse a la teoría correspondentista de la verdad. Para ilustrar la fuerza de esta conclusión, me propongo mostrar que una teoría redundante de la verdad -en la versión mantenida por Horwich- se ve obligada a reintroducir una de las tesis constitutivas de la teoría correspondentista, a saber: que la verdad posee una naturaleza esencial-trascendente.

Pero antes de desarrollar dicho argumento creo que conviene indicar dos de los elementos más importantes de la 'dimensión de independencia' del realismo: el realista no sólo mantiene que las entidades observables e inobservables existen con total independencia de nuestras mentes, sino que adicionalmente mantiene que la verdad es algo que trasciende nuestras capacidades cognitivas, i.e., la verdad va más allá de nuestra capacidad para reconocerla.

Con base en esta última característica, un minimalista considera que se puede mantener que la verdad es algo que trasciende nuestra capacidad para reconocerla, pero rechaza la tesis -del realismo metafísico- según la cual la correspondencia es una propiedad trascendente que desempeña un rol explicativo para el uso del predicado "verdadero". Para Horwich, por ejemplo, esto es posible si, por un lado, se equipara la verdad de una proposición 'p' con p, es decir, si se iguala la verdad de 'p' con el contenido semántico de p. Para Horwich el esquema T de Tarski, combinado con una teoría del significado que estipula que conocer lo que una proposición 'p' afirma es conocer las condiciones de verdad de 'p', es suficiente para explicar el papel que desempeña la verdad en el lenguaje.16

A la luz de tal perspectiva, resulta necesario formular una teoría del significado que estipula que conocer lo que las oraciones de un lenguaje afirman es una habilidad que se tiene que poder manifestar en el uso de dicho lenguaje, de acuerdo con las normas de la comunidad lingüística. De lo anterior, Horwich infiere "Todo lo que se necesita para saber cuáles son las condiciones de verdad de 'p' es comprenderla; y todo lo que se requiere para comprenderla es la habilidad de usar 'p' de acuerdo con las normas de la comunidad lingüística".17

La principal dificultad de una teoría de la verdad como la arriba esbozada es que semejante teoría no logra establecer un principio para especificar el contenido afirmativo de 'p'; en particular, un contenido que no haga referencia a las capacidades humanas; por lo que no resulta evidente que el contenido semántico de 'p' trascienda nuestras capacidades cognitivas. Por contraste, la teoría correspondentista sí proporciona un principio trascendente que resulta indispensable para mantener 'la dimensión de independencia'; a saber, el principio de relación causal, en cuyo desarrollo 'p' es verdadera en virtud de la relación causal existente entre los términos lingüísticos de 'p' y las entidades referidas en 'p'. Con base en lo anterior, parece plausible inferir que la idea realista de 'la correspondencia' proporciona una explicación sustantiva de la verdad porque es plenamente capturada al mostrar cómo la condición de verdad de 'p' estriba en su correspondencia con las entidades referidas en 'p'.

Hasta aquí he querido indicar -a la luz de una de las versiones del deflacionismo más influyentes- que no resulta evidente que una teoría como ésta garantice la dimensión de independencia que, a juicio de Devitt, es constitutiva del realismo. Ahora la pregunta que surge es: ¿puede hacerlo la teoría correspondentista? Creo que la respuesta ya ha sido esbozada a lo largo del texto. A mi juicio, sin la teoría correspondentista no se puede mantener la dimensión de independencia, porque entre las teorías semánticas -disponibles hasta ahora- es la única que puede mostrar en virtud de qué mecanismo la verdad de los enunciados trasciende nuestra capacidad para reconocerla. Y esto lo hace indicando que lo que hace a los enunciados verdaderos es la relación causal existente entre los términos lingüísticos de los enunciados y las entidades referidas en ellos.

Ahora bien, se podría alegar que esto no prueba que el realista tenga que suscribirse a una teoría correspondentista para mantener la dimensión de independencia, porque esta dimensión sólo lo obliga a mantener que las entidades de sentido común y las de la ciencia existen con independencia de lo mental, de suerte que basta con que el realista rechace toda dependencia de lo mental para mantener consistentemente tanto la dimensión de existencia, como la de independencia. Quisiera responder a esta posible objeción, ofreciendo un punto de vista aún más radical: el realista requiere la teoría correspondentista no sólo para mantener la dimensión de independencia consistentemente, sino también la dimensión de existencia.

En efecto, consideremos el argumento central que Devitt ofrece para mostrar cómo puede el realista mantener compromisos ontológicos sin requerir ningún criterio semántico. Devitt comienza preguntándose: ¿En qué circunstancias una persona se compromete ontológicamente con la existencia de a al afirmar S? Podríamos saberlo aplicando un criterio semántico como este: sabemos si una persona se compromete con la existencia de a si a tiene que existir para que S sea verdadero. Como se puede apreciar, se trata de un criterio que permite establecer como condición de verdad de los enunciados una relación -causal o de correspondencia- entre los términos lingüísticos y las entidades referidas. Sin embargo, Devitt agrega que su tratamiento sobre el realismo presupone otro criterio -no semántico- que es mucho más básico que el arriba indicado, y que desempeña igualmente bien el rol de establecer bajo qué condiciones podemos saber qué hace que una persona mantenga determinados compromisos ontológicos, a saber: una persona se compromete ontológicamente con la existencia de a si al afirmar S, S dice algo que implica la existencia de a, por lo que basta con decir que los gatos existen para que la afirmación 'los gatos existen' sea verdadera. Devitt considera que este criterio no exige el uso de ninguna teoría semántica, sino solamente entender S.18 Conviene indicar, por supuesto, que Devitt se propone mostrar con este argumento que el tipo de compromisos ontológicos adquiridos a la luz de su criterio se dan a nivel del lenguaje objeto y que no requieren, por lo tanto que nos movamos hacia el metalenguaje.

Un examen de este modo de concebir el realismo muestra profundas similitudes con el tratamiento que ofrece Horwich en su versión del deflacionismo. Para que podamos apreciar mejor este punto y ver en qué dirección podemos imputar las mismas deficiencias del deflacionismo de Horwich al análisis de Devitt, consideremos el siguiente ejemplo de éste:

    Tom afirma:
    (1) Lulú es un gato
    Si aplicamos un criterio semántico, tenemos que:
    (a) (1) es verdadera syss existe algo a lo que 'Lulú' designa, y 'gato' se aplica a ello.
    (b) Si 'Lulú' designa, designa a Lulú.
    (c) Si 'gato' aplica, se aplica a gato.

La pregunta que surge es ¿en qué estriba el compromiso ontológico de Tom con la existencia de Lulú y los gatos? A esto Devitt responde: su compromiso estriba en hablar de la existencia, por lo que a su juicio, podría suscribirse perfectamente a los mismos compromisos prescindiendo de un criterio semántico como el indicado en (a). Tom puede afirmar: (2) Los gatos existen. Ahora bien, ¿puede mantener Tom (1) sin (2)? La respuesta de Devitt es obviamente negativa, porque el uso de un criterio no-semántico como el que él sugiere descansa solamente en nuestra comprensión ordinaria de los enunciados existenciales.19

A la luz de esta afirmación encuentro dificultades similares a las ya atribuidas al deflacionismo de Horwich porque si para poder establecer las condiciones de verdad de los enunciados, y las condiciones bajo las cuales alguien adquiere compromisos ontológicos -desde una perspectiva naturalista, como la sugerida por Devitt- tan sólo demandamos la comprensión del contenido afirmativo del enunciado, hacemos intervenir inevitablemente las capacidades cognitivas de los individuos en la atribución de verdad de los enunciados, a partir de los cuales el individuo hace manifiestos sus compromisos ontológicos. Si esto es así, entonces no resulta claro cómo se puede mantener el realismo consistentemente, sin hacer intervenir las capacidades cognitivas de los individuos al momento de comprometerse ontológicamente con la existencia de ciertas entidades y al establecer la verdad de dichos enunciados.

Sobre esta base podemos preguntarnos si Devitt desprecia la teoría correspondentista, tanto o más que la mayor parte de los antirrealistas. Y la respuesta, por supuesto es negativa. Devitt confiere un lugar singular a la teoría correspondentista de la verdad. De hecho, considera que es la mejor explicación realista de la que disponemos sobre el lenguaje, tanto del ordinario como del de la ciencia. Para defender este punto de vista ofrece una defensa de la necesidad de la teoría correspondentista vía Inferencia a la Mejor Explicación, que discurre en las siguientes líneas:

    "La mejor explicación del comportamiento de A en ciertas situaciones rutinarias consiste en atribuirle una creencia sobre las condiciones de verdad a la creencia S. Tales condiciones son únicamente capturadas por una noción correspondentista de la verdad. Por lo que una noción epistémica, no podría llevar a cabo dicha función."20

Ahora bien, cuales son las principales dificultades que surgen al concebir el papel de la correspondencia tal y como Devitt lo hace. Yo particularmente, advierto dos cosas: primero creo que mantener que ésta teoría sólo desempeña un rol relevante en la explicación de la comunicación científica, pasa por alto el problema epistémico de establecer un criterio que garantice la elección entre teorías, y ello porque suponemos que desde una perspectiva realista la elección se lleva a cabo sobre la base de que las descripciones teóricas caracterizan ciertos aspectos de la realidad, i.e., las buenas teorías son estimadas como tales, porque contienen cierta información sobre las cosas que representan o a las que se refieren. De ello colegimos que la teoría correspondentista no sólo desempeñaría un rol explicativo en la comunicación científica, sino que también debería ofrecer una explicación de la relación entre las teorías y el mundo -se trata de una relación de representación-.

El otro problema que advierto es que no parece posible admitir que hay relaciones causales entre nuestras mentes y el mundo -tal y como Devitt lo sugiere- sin intromisiones de la semántica, y sin sucumbir al antirrealismo. Para mostrar cómo surge este problema, tenemos que considerar una de las críticas más llamativas de las que ha sido objeto la tesis bajo examen. Algunos de los críticos21 de esta tesis, consideran que para poder mantener la dimensión de independencia del realismo se requiere la suscripción a una teoría no-epistémica de la verdad. Según Devitt esto no es correcto, porque basta con mantener que hay ciertas relaciones causales entre nuestras mentes y el mundo. Me preocupa, por un lado que a la luz de semejante afirmación, Devitt parezca reintroducir -entre los compromisos del realista- una de las propiedades sustantivas de una teoría de la referencia -como la correspondentista, a la luz de la cual obviamente se indica que la relación causal se da entre los términos lingüísticos y las entidades referidas-. O que por el contrario, le conceda -como lo hacen algunos antirrealistas- cierto poder creador a nuestra mente sobre las cosas existentes en el mundo. Estoy convencida de que esto último no es lo que Devitt quiere afirmar.

Quisiera concluir este ensayo reiterando que he tratado de indicar algunas de las razones por las cuales no creo que sea posible emancipar el realismo -que estimamos como filosóficamente interesante- de su compromiso semántico con una teoría correspondentista de la verdad. Para ello, he procurado examinar uno de los argumentos favoritos de Devitt, en el que apela a la teoría redundante de la verdad para concluir que se puede ser un realista suscribiéndose a una teoría semántica como esa, sin suscribirse a la teoría correspondentista y sin dejar de ser realista. Sin embargo, a la luz de una teoría redundante de la verdad no resulta evidente que sea posible establecer el contenido afirmativo de 'p', sin apelar a nuestras capacidades cognitivas. Adicionalmente advertí dos resultados indeseables que se derivan de mantener un realismo emancipado de la semántica, entre ellos, que no resulta claro cómo puede un realista responder al problema de la elección de teorías sin suscribirse a un criterio de verdad fuerte, al igual que la dificultad de admitir que hay relaciones causales entre nuestras mentes y el mundo sin intromisiones de la semántica o sin sucumbir al antirrealismo.


Pie de página

1Cf. DEVITT. Aberrations of the Realism Debate. En: Putting Metaphysics First. Oxford University Press, 2010, p 32.
2Ibíd., p. 33.
3Primera aberración. Cf. 'Aberrations...' p. 39.
4Segunda aberración, p. 39.
5Tercera aberración, p. 39.
6Este célebre argumento del segundo Putnam, discurre en las siguientes líneas: Supongamos que M es un modelo de T1. T1 es una teoría ideal que cumple con todas las restricciones operacionales, predice correctamente 'todos los enunciados observacionales' es completa, consistente, simple, etc., entonces T1 tiene que ser verdadera. Sin embargo, el realista sostiene que 'podría ser falsa' (porque podría ser falsa en un modelo). Putnam se pregunta ¿Cómo puede ser que si lógicamente la teoría tiene que ser verdadera, el realista considere que 'podría ser falsa'? Para Putnam tal resultado es ininteligible. Cf. PUTNAM, Hilary (1978). Meaning and the Moral Sciences (London: Routledge & Kegan Paul).
7Cuarta aberración, p 40.
8Séptima aberración, p 45.
9Ibíd., p 45.
10Octava aberración, pp 46-47.
11Novena aberración. La última aberración consiste en considerar que el realismo es una metateoría. Cf. Pp. 47-48.
12Cf. Aberrations: "He hablado del Realismo como una doctrina metafísica. Sin embargo, es un tanto epistemológica. La dimensión de independencia niega que el mundo sea dependiente para su existencia y naturaleza (excepto en los modos familiares) de lo que creemos. Esta negación muestra hasta dónde es epistemológico el Realismo". P. 42.
13Aquí el tratamiento de Devitt de nociones como 'correspondencia' y 'convergencia' es idéntico, i.e., él considera que ninguna de ellas es constitutiva del realismo; aunque de ahí no se sigue que desprecie tales tesis. Todo lo contrario, a su juicio, tanto la correspondencia, como la convergencia sirven más bien como evidencia en apoyo del realismo científico. Tuve ocasión de discutir varios aspectos sobre el papel de la correspondencia como 'apoyo evidencial' con el profesor Devitt en el 'Simposio: El Debate Realismo-Antirrealismo' llevado a cabo en la Universidad de Caldas (2011). En lo que concierne a la convergencia como 'evidencia' a favor del realismo: Cf. Realism and Truth. Princeton: University Press,1984: "Si hay alguna relación entre realismo y convergencia es de tipo evidencial, por lo que tenemos que distinguirla de una relación constitutiva". P. 114.
14Cf, DEVITT 'Aberrations'... p. 35.
15Las cuales se oponen a las concepciones epistémicas de la verdad, como las mantenidas por los antirrealistas semánticos, quienes sostienen que comprender un lenguaje consiste en reconocer la naturaleza inmanente de la verdad y el contenido de los enunciados; es decir, a la luz de una concepción epistémica de la verdad, la verdad no es una propiedad que trasciende nuestras capacidades cognitivas.
16Cf. HORWICH, P. Three forms of Realism. In: From a Deflationary point of view. Clarendon Press, Oxford University, 2004, p. 11.
17Ibíd., p. 30.
18Cf. DEVITT. Realism... pp. 40-41.
19Ibíd., p 42.
20Ibíd., p.10.
21Cf. WILLIAMS, Michael (1993). ''Realism and Scepticism''. In Haldane and Wright 1993a: 193-214. Al respecto Devitt afirma: "Él piensa (Williams) que necesitamos desarrollar esta dimensión en términos de una noción de verdad 'radicalmente no epistémica'. Estoy en desacuerdo. Los antirrealistas proponen una variedad de dependencias mentales para el mundo físico. Un Realista puede simplemente rechazar tales propuestas negando todas las dependencias del mundo físico sobre nuestras mentes, pero esto sería demasiado simple. Tal y como lo indiqué al responder la Objeción 3, el Realista tiene que permitir ciertas relaciones causales familiares entre nuestras mentes y el mundo". Cf 'Aberrations'. p. 49.

Referencias Bibliográficas

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